El gráfico indexa el uso del subte sobre el promedio de 2019 = 100. Lo primero que salta a la vista es la brecha entre dos líneas que antes eran casi idénticas: los viajes laborables se recuperaron al 70%, mientras que los no laborables llegaron al 80%. Esa diferencia de 10 puntos no es ruido estadístico — es la huella del teletrabajo grabada en los datos de transporte.

Los porteños volvieron a salir: al cine, a los bares, a los shoppings. Pero una parte significativa de la fuerza laboral dejó de subirse al subte para ir a la oficina. El home office parcial o total se consolidó como modalidad permanente en miles de empresas, y el subte perdió ese pasajero para siempre. No es una caída transitoria: es un cambio estructural en la demanda.

"El subte post-pandemia no es el de antes en modo degradado — es otro subte. Cambió quién lo usa, cuándo, y para qué."

Sobre ese piso ya bajo, 2024 trajo un segundo golpe. El desmantelamiento de los subsidios al transporte disparó el precio del boleto a niveles que los salarios no pudieron absorber. El resultado es visible en el gráfico: la curva de recuperación, que avanzaba lentamente desde 2022, se dobló hacia abajo y tocó su mínimo post-pandemia en 2024 con apenas el 55% del nivel de 2019. En 2025, la recuperación es incipiente — pero aún no alcanza los niveles de 2023. El subte lleva seis años sin volver a 2019, y las perspectivas sugieren que nunca lo hará del todo.