En Argentina, cuando se habla de "la grieta", se piensa en política. Pero los datos del subte revelan otra grieta que nadie debate: la del lunes contra el domingo. La brecha entre cómo se mueve Buenos Aires cuando descansa y cómo lo hace cuando trabaja —o debería trabajar.
Los registros del sistema SUBE entre 2018 y 2025 son concluyentes: la recuperación de los viajes en días no laborables (fines de semana, feriados) superó consistentemente la de los días hábiles. La diferencia no es marginal: hablamos de 10 puntos porcentuales en el índice de recuperación. Los viajes de ocio llegaron al 80% del nivel de 2019. Los laborales, al 70%.
Recuperación vs 2019
Recuperación vs 2019
¿Qué significa esa diferencia de 10 puntos?
Traducida a viajes, la brecha es enorme. Si el subte hacía en 2019 unos 300.000 viajes promedio en un domingo, el 80% de recuperación implica unos 240.000. Si en un lunes de 2019 hacía 1.500.000, el 70% implica 1.050.000. Son 150.000 viajes laborales "faltantes" por día que no se van a recuperar con políticas de transporte convencionales — porque no los perdió el transporte, los perdió el commuting.
El teletrabajo es la explicación. No porque la gente no salga los fines de semana — los datos muestran que sí sale — sino porque una parte significativa de la fuerza laboral formal dejó de trasladarse todos los días a una oficina. El home office parcial (dos o tres días por semana) redujo los viajes laborales sin afectar los de ocio.
"Buenos Aires recuperó su vida social. Lo que no recuperó es su rutina laboral de transporte. Y los datos del subte lo capturan con una precisión que ninguna encuesta puede igualar."
La ciudad que sale, pero no trabaja (en el sentido del commuting)
Es tentador leer este dato como algo positivo: más gente en el bar, en el parque, en el teatro, aunque menos en el andén de las 8 de la mañana. Pero la "grieta del lunes" tiene consecuencias sistémicas que van más allá del confort del viajero.
El financiamiento del subte depende en gran medida del volumen de pasajeros en hora punta, en días hábiles. Si esa demanda cae de forma permanente, el sistema opera con ingresos estructuralmente menores. Eso tiene consecuencias directas en la frecuencia del servicio, el mantenimiento de la infraestructura, y en última instancia, en la calidad del viaje para los que sí dependen del subte todos los días.
Paradoja del teletrabajo: los que más viajaban (trabajadores de oficina en zonas centrales) son los que más dejaron de hacerlo. Los que más dependen del subte (trabajadores de ingresos bajos sin posibilidad de home office) se quedaron solos financiando un sistema que fue diseñado para todos.