Si en 2019 el subte de Buenos Aires movía a más de un millón y medio de pasajeros en un día laboral típico, hoy mueve cerca de 750.000. No es una caída circunstancial, ni el rezago de una economía que va a rebotar. Es un cambio estructural, y los datos lo demuestran con una claridad brutal.

El análisis de los registros SUBE entre 2018 y 2025 muestra que el subte porteño nunca recuperó sus niveles pre-pandemia. En el mejor momento de la recuperación —entre 2022 y 2023— el sistema alcanzó apenas el 70% de lo que era en 2019. Luego, en 2024, volvió a caer. Hoy está en torno al 60%. La línea de tendencia no sube: se estabilizó por debajo de lo que fue.

El teletrabajo no fue una moda

La primera explicación que salta es obvia: el teletrabajo. Y los datos la confirman. La recuperación de los viajes en días laborables es consistentemente más lenta que la de los fines de semana y feriados. Los porteños volvieron a salir a comer, al cine, a los shoppings. Pero una fracción significativa dejó de subirse al subte para ir a la oficina.

En 2020, el teletrabajo fue una obligación de emergencia. En 2021 y 2022, se debatió si era transitorio. En 2025, la discusión quedó saldada: para una parte de la fuerza laboral formal argentina, el home office parcial o total se consolidó como modalidad permanente. Las empresas lo normalizaron como beneficio. Los trabajadores lo incorporaron a su rutina. El subte quedó afuera de esa ecuación.

"El teletrabajo no redujo el trabajo. Redujo el viaje al trabajo. Y esa diferencia, multiplicada por cientos de miles de empleados, transformó para siempre la demanda de transporte en Buenos Aires."

La segunda ola: el precio del boleto

Sobre un sistema ya debilitado por el teletrabajo, cayó en 2024 un segundo golpe: el ajuste tarifario. El boleto del subte, que había acumulado aumentos a lo largo de los años, experimentó una suba abrupta en el marco del proceso de reducción de subsidios al transporte. El resultado fue inmediato y medible: la curva de recuperación, que avanzaba lentamente, se dobló hacia abajo.

Lo más revelador es que la caída de 2024 afectó tanto a los viajes laborables como a los no laborables. Eso descarta que el efecto haya sido exclusivo de los teletrabajadores. Cuando el precio del boleto supera lo que una economía familiar puede absorber, la demanda cae para todos. Es economía básica. Y el subte porteño la experimentó en tiempo real.

¿Qué queda de 2019?

En el análisis académico de transporte urbano, se habla de la "nueva normalidad" post-pandemia. Para el subte de Buenos Aires, esa nueva normalidad es un sistema que opera al 60% de su capacidad histórica, con ingresos reducidos, con picos de hora punta atenuados, y con un perfil de usuario que cambió.

Los que quedaron usando el subte a diario son, en muchos casos, los que no tienen alternativa: trabajadores con baja posibilidad de teletrabajar, con empleos en el sector informal, con recorridos que no admiten otra opción. El subte se está convirtiendo en un servicio para quien no puede elegir no usarlo. Y eso tiene consecuencias para su financiamiento, su diseño operativo y su lugar en la ciudad.

GRÁFICO · Evolución 2018-2025: Viajes vs Economía Evolución de viajes en subte vs precio del boleto y salario mínimo 2018-2025
Base 2019 = 100. Fuente: datos SUBE procesados por Frigoni & Diddi, UGR. · Ver todas las visualizaciones →
VISUALIZACIÓN INTERACTIVA · Brecha laborables vs no laborables
Índice de viajes (base 2019 = 100) separado por tipo de día. · Ver en pantalla completa →