Entre 2021 y 2023, el subte mostraba señales tenues pero reales de recuperación. La curva subía lentamente. No alcanzaba 2019 — nunca lo hacía — pero el horizonte parecía apuntar hacia allá. Entonces llegó 2024.
En 2024, la curva se dobló hacia abajo. El uso del subte cayó al 55% del promedio de 2019, el nivel más bajo desde el período más crítico de la pandemia. Pero a diferencia de 2020, no hubo restricciones de circulación. No hubo cuarentena. Hubo algo diferente, y en cierta forma más revelador: un ajuste de tarifas que los salarios no pudieron acompañar.
El dato clave: La caída de 2024 afectó tanto a los viajes laborables como a los no laborables. Eso descarta que el efecto fuera solo sobre teletrabajadores. Cuando el precio del transporte sube más rápido que el salario, la demanda cae para todos.
La economía como regulador de movilidad
El proceso de reducción de subsidios al transporte, enmarcado en un ajuste fiscal más amplio, aceleró las subas tarifarias durante 2024. El boleto del subte, que ya venía acumulando aumentos desde 2018, pegó saltos adicionales significativos. El salario mínimo también aumentó ese año — pero el ritmo fue diferente.
En economía del transporte se habla de la elasticidad precio de la demanda: la sensibilidad de los usuarios a los cambios de precio. En bienes y servicios de lujo, la elasticidad es alta. En transporte esencial, se asume que es baja — que la gente va a seguir usando el subte aunque suba el precio, porque no tiene otra opción.
Los datos de 2024 cuestionan esa asunción. Buenos Aires tiene una estructura urbana con alternativas: colectivos, bicicletas, motos, y para quienes pueden, el teletrabajo. Cuando el precio del subte superó un umbral de tolerancia, una parte de los usuarios activó esas alternativas. El resultado es el 55%.
"Cuando el precio del transporte sube más rápido que el salario, los usuarios votan con los pies. Los datos del subte en 2024 son ese voto — silencioso, masivo, e inapelable."
¿Quiénes se fueron y quiénes se quedaron?
No todos pueden elegir no usar el subte. Hay una fracción de usuarios para quienes el subte es la única opción: viven lejos de colectivos frecuentes, no tienen vehículo propio, y no pueden teletrabajar. Esos usuarios se quedaron — y absorbieron el aumento.
Los que se fueron son los que tenían alternativas: trabajadores con posibilidad de home office que redujeron días en oficina; usuarios que viven cerca de líneas de colectivo que conectan bien; personas cuyo recorrido puede hacerse en bicicleta o a pie.
El resultado es una paradoja: el subte de 2024 opera menos, pero su carga relativa sobre los usuarios más vulnerables — los que no pueden elegir no usarlo — es mayor. El costo representa un porcentaje más alto de sus ingresos que en 2019, precisamente porque son los que no pudieron escapar al ajuste.