Hay números que golpean antes de que puedas analizarlos. El boleto del subte de Buenos Aires costaba $7,50 en enero de 2018. Para 2024, ese mismo viaje superó los $200. Un incremento de más del 2.400% en seis años. En el mismo período, la inflación acumulada fue elevada, sí — pero el boleto la superó.
La pregunta que los datos permiten responder no es solo cuánto subió el boleto, sino si los salarios pudieron seguirle el ritmo. Y la respuesta, en términos reales, es no. El salario mínimo nominal creció de forma importante — pero el poder adquisitivo real para pagar el transporte se deterioró en los momentos más críticos, especialmente durante los ajustes tarifarios abruptos.
Los momentos clave del ajuste
La suba del boleto no fue lineal. Hubo años con aumentos moderados y años con saltos bruscos. Los datos de viajes del subte muestran una correlación directa: cada vez que el precio del boleto tuvo un ajuste significativo y abrupto, la cantidad de pasajeros cayó en las semanas siguientes. No es coincidencia — es elasticidad precio de la demanda en acción.
El caso más claro es 2024. El proceso de reducción de subsidios al transporte aceleró los aumentos tarifarios. El salario mínimo, aunque también aumentó ese año, no pudo absorber el ritmo del incremento del boleto. El resultado fue una caída adicional en el uso del subte que llevó los niveles al 55% del promedio de 2019: el peor momento desde el propio año de la pandemia.
"El transporte público dejó de ser 'casi gratis' para convertirse en un ítem relevante del presupuesto familiar. Cuando eso pasa, los que pueden evitar el viaje, lo evitan."
¿Cuántos viajes puede pagar un trabajador con sueldo mínimo?
Un trabajador que gana el salario mínimo y viaja en subte todos los días hábiles del mes — ida y vuelta — destina hoy una fracción de su ingreso mensual al transporte que, en términos relativos, es significativamente mayor que en 2018. No es un dato menor: es la razón por la que muchos trabajadores de ingresos bajos buscan alternativas o directamente reducen sus desplazamientos.
El fenómeno tiene nombre en economía del transporte: restricción de accesibilidad. El sistema de transporte existe formalmente, pero una parte de la población no puede pagarlo de manera sostenida. Y cuando el precio sube de golpe — sin que el salario lo haga en la misma proporción — la demanda cae. No porque la gente no quiera viajar, sino porque literalmente no le alcanza.
El boleto como termómetro de la política económica
La tarifa del transporte público en Argentina nunca fue solo un precio: fue una decisión política. Durante años, los subsidios al transporte mantuvieron artificialmente bajo el costo del boleto, como una forma de transferencia de ingresos a los trabajadores urbanos. Cuando esos subsidios se recortaron — en distintos momentos y gobiernos — el impacto llegó directo al bolsillo de quienes más dependen del subte.
Los datos de viajes del subte son, en ese sentido, un termómetro de la política económica. Cada pico de caída en el uso coincide con un momento de ajuste tarifario o de pérdida de poder adquisitivo. La correlación no es perfecta, pero es clara. El subte vacío no es solo un problema de transporte: es el reflejo de una economía que aprieta.